La Mujer en el mundo del Arte



Hablar de la presencia de la mujer en el ámbito artístico, como en casi todos los ámbitos, es hablar casi siempre de escasez, desigualdad y marginación, pese a la existencia de un buen número de mujeres dotadas de un talento extraordinario para la pintura, la escultura y el resto de ramas del arte.


El acceso de las mujeres al mundo del arte y a sus conocimientos estuvo limitado durante muchos siglos: las academias de dibujo no admitieron a la primera mujer hasta bien entrada la Edad Moderna y las que accedían a estos estudios encontraban que determinadas materias les estaban vedadas, como la copia del natural. De este modo, la mayoría de las artistas recibieron una formación de tipo "profesional" al amparo de talleres familiares, llevados por hombres, o instructures particulares. Es el caso de artistas como Luisa Roldán "La Roldana", Elisabetta Sirani o Lavinia Fontana.

Pero no será hasta el siglo XX cuando las mujeres puedan disfrutar de una formación y una independencia, como la impresionista Berthe Morisot . Será este siglo el siglo de las mujeres en el arte, con ejemplos tan significativos como diversos como Liubov Popova, Sonia Delaunay, Frida Kahlo, Annie Liebovitz, Tamara de Lempidka, Georgia O'Keefe, Natalia Gontcharova, Marie Blanchard o Remedios Varo.
Y otras muchas que esperan su turno para ingresar en los anales de la Historia del Arte.el icebe

Hay algunos ejemplos realmente indignantes, como el de la también francesa Camille Claudel, cuya sublime genialidad la llevó a ser encerrada de por vida en un manicomio, donde murió treinta años después sin recibir visitas de su familia ni disponer de una mísera tumba que recuerde su nombre. Tampoco se queda atrás la italiana Artemisia Gentileschi, violada por su propio maestro con apenas 19 años. Desde entonces, no se cansó de denunciar sutilmente tan traumática experiencia en sus pinturas, rescatadas del olvido desde hace unos años gracias a un exitoso best-seller.



La historia de Marie Bracquemond no tiene tantos tintes escabrosos, pero sí idéntica injusticia y, sobre todo, bastante mala uva por parte de su propio marido, quien, lo mismo que la introdujo en el arte de la pintura, la apartó del mismo violentamente por celos profesionales.


Para terminar, menciono algunas de las frases que ellas mismas dijeron de sí mismas:


"Maldita sea, esto es lo que me hace rechinar los dientes cuando pienso que soy mujer".


"Sólo deseo captar lo transitorio aunque esto sea pedir demasiado".


Y Manet comentó al conocer a las hermanas Berthe y Edma Morisot en el Louvre, seguramente considerando lo que se les venía encima como pintoras: "Las señoritas Morisot son encantadoras. Es una pena que no sean hombres".