Carta a las familias. Educar en Igualdad


Estimadas familias:
Educar favoreciendo la igualdad de oportunidades de ambos sexos requiere modificar actitudes, comportamientos, formas de vida y estructuras sociales.
Sólo así las chicas y los chicos podrán desarrollar libremente su personalidad y su participación en la sociedad sin discriminación por razón de sexo.
La familia es el primer contexto socializador de niñas y niños, un espacio privilegiado en el que se aprende cómo ser, actuar y comportarse, pero también qué se espera de cada persona por el hecho de haber nacido hombre o mujer.
Este proceso de socialización diferenciado ha llevado a una situación de desequilibrio en la que las niñas y mujeres han sufrido mayores dificultades y han soportado mayores injusticias.
Si como madres y padres queremos que nuestros hijos e hijas eviten conductas sexistas, violentas, respeten a las demás personas y sean tolerantes con otras opiniones deberemos de empezar dentro de casa.

 ¿Qué podemos hacer?
Transmitir valores, normas y actitudes igualitarias para chicas y chicos.
Establecer los mismos derechos y las mismas obligaciones para hijas e hijos.
Repartir de forma justa y equilibrada las tareas domésticas entre los diferentes miembros de la familia.
Enseñar a resolver conflictos mediante el diálogo. No se debe usar ningún tipo de violencia en las relaciones personales.
Usar el femenino en el lenguaje para hacer visibles a las mujeres de la familia. Un lenguaje no discriminatorio nos ayudará a elaborar un pensamiento justo.
Permitir que hijas e hijos tengan las aficiones que desean y escojan los trabajos que les gustan. Cada persona debe tener las mismas oportunidades para desarrollar lo que quiera ser en la vida. Las alternativas de ocio y las profesiones no tienen sexo.
 • Hablar con respeto y cariño de las tareas que han desempeñado y desempeñan las mujeres de la familia (madres, abuelas, tías, hermanas...) puesto que han entregado parte de su tiempo y energía al cuidado de otras personas.
No usar frases que reproduzcan estereotipos sexistas (los niños no lloran, las niñas deben ser pacientes...).